las muñecas rotas son como ataúdes de
insectos que ven desde el fondo de la cornea
cómo van apareciendo las murallas derruidas
por el trueno
Marilyn ha muerto
ocaso sobre una ciudad entre luces flotadoras
abrientes de colmillos afilados
la Marilyn me mira con sus ojos de princesa de cuentos
de Disney
con sus ojos secos por el tiempo que se nos escapa
hacía las nebulosas de Neptuno
-oye- me dice –calma la mano- me dice
me abofetea con sus manos de mariposa
-yo no soy nadie- le digo –no soy nadie- le chillo
en las cuencas vacías
me abro el pecho para que vea que “no soy nadie”,
para que vea como el amor me ha secado, igual que a ella
-el amor no te conviene- me dice con un gesto de diva
-el amor no es una cosa natural- chilla, y yo me abro
en dos, con el mar en un costado y el desierto desmoronándose
a mis pies
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