lunes, 10 de abril de 2017

las muñecas rotas son como pequeñas Marilyn

las muñecas rotas son como ataúdes de
insectos que ven desde el fondo de la cornea
cómo van apareciendo las murallas derruidas
por el trueno
Marilyn ha muerto
ocaso sobre una ciudad entre luces flotadoras
abrientes de colmillos afilados
la Marilyn me mira con sus ojos de princesa de cuentos
de Disney
con sus ojos secos por el tiempo que se nos escapa
hacía las nebulosas de Neptuno
-oye- me dice –calma la mano- me dice
me abofetea con sus manos de mariposa
-yo no soy nadie- le digo –no soy nadie- le chillo
en las cuencas vacías
me abro el pecho para que vea que “no soy nadie”,
para que vea como el amor me ha secado, igual que a ella
-el amor no te conviene- me dice con un gesto de diva
-el amor no es una cosa natural- chilla, y yo me abro
en dos, con el mar en un costado y el desierto desmoronándose
a mis pies

jueves, 6 de abril de 2017

Valle del Tigris

acaricia mis raíces madre, acaricia mi existencia
aún siendo pobre y miserable, desprovisto de gracia
ama mi corteza, el ramaje que me crece de los ojos, abre
abre todos los centros que te perturban
todos los oscuros rincones donde habito, ábrelos y repítelos como
si copiaras a los hijos de tu vientre, siendo yo el único satélite
que te circunda
ábreme madre, desde estas raíces que se pudren violentas
crujen todas mis almas y en cada una soy un niño
absorbido por tu luminiscencia, por la abstracción de todo aquello
que no comprendes
en esas ramas escasas que te acarician
lentamente
desprendido de cuajo y sorprendido por el contraluz de tu silueta
he vivido madre, más allá de mi propio destino,
trasplantado innumerables veces fuera de tus frutos
pero he vivido para vencer la oscuridad
ya no importan las raíces abiertas
importa la madre que sangra frente al árbol caído
qué importa mi propia virulencia
o la prórroga de la vida
el letargo del agua dentro de mis células
importa el arraigo y todo aquello que absorbemos, lo indestructible
que crece más allá de las hojas y la savia
esto es lo que importa; que seamos nueva substancia aún si hemos

tocado levemente la penumbra

Afluente

mi corazón es un chiquero
-todos los chiqueros
llevan al mar- me digo

Son of Babylon

Aquí; funcionan las máquinas perfectas
desde el Cáucaso a la línea que proyectan los mísiles
mientras caen en Samarra;
el cortejo es un desierto amurallado hecho de
niños en estado catatónico
vengo a florecer en sus heridas; abrazar la úlcera que
contienen sus historias
abriré sus ojos
sus labios
el corazón combatiente que florece en el desierto
he aquí;                                                                  Babilonia

Nothing else matters

encuentros en un ciberespacial de la nasa,
donde yo aprendía kurdo él aprendía español
nos sentábamos                a planificar un futuro en inglés
algo que jamás perteneció a una sudaca y a un terrorista
entregado a punta de canciones metal
melódicas

cable desconectado,  goteras
frío o el calor del desierto
nada mas importaba
escuchábamos canciones como un par de “medical oddities” de los museos
metidos en frascos llenos de formón y huesos expuestos a
nuestra propia curiosidad

escuchábamos Metallica hasta que nos ardían los corazones, pensando que
Iraq venía para quedarse
nuestro soundtrack más bizarro contenía desde Gepe a Lana del Rey y nos
íbamos cubriendo con esos temas lentos para bailar después
de que los mísiles estallaran
éramos simplemente dos desadaptados resumidos en un So close, no matter how far.

Osama Waleed

conocí a un hombre iraquí;
su historia no debe ser disímil a la
de otro árabe
una donde nos arrebatan al padre, al hermano
la patria
y nos llevan lejos,
aprendemos a medias otra lengua
nos comunicamos con lindas sudamericanas
les decimos que somos hijos de la post guerra,
de todas
las diminutas guerras que separan los corazones,
que son
como alcoholes volátiles y nos bloquean de los submundos
nos escondemos bajo el mar,
buscando tesoros que no nos
pertenecen
buscando para otros lo que hemos perdido
allá en las fronteras
calientes del desierto

nuestro mundo flagelado, destripado a pulso, enajenado
a punta de tropas y casquillos de balas
que ahora son juguetes para
los otros hijos iraquíes que vendrán después de mí
o de este que creo que soy
este que habla, que llora al padre, aún
después de haberlo llorado todo
que abraza a la madre en su precaria humanidad

hemos vivido un infierno, a nuestra manera
somos testigos del mismo dolor
acá o allá
en este inquietante bajo de mundo, nuestro infierno es otro
pero nos (me) duelen todos los infiernos que están ocultos
en este ficticio mundo que habitamos, cuál más
cuál menos afortunado

si, conocí a un hombre iraquí, me quedé con las hebras
que lo siguen a Bagdad
al torrente que lo vio partir
al dolor que supura en sus palabras
que no terminan
de aparecer
en este insignificante punto del mapa; Santiago Poniente
de un Chile del terror
lo seguí hasta el mismo punto final que matará este verso.

17 de enero del 91

2:42am Cherokee. La primera noche fue una
impresionante orquestación de sistemas.
donde eran el karma del sol y                          
su luz estaba
fuera del Mahoma congelado, el inicio de nuestro
viaje al oscurantismo más voraz, porque los objetivos que
estamos atacando esta noche están situados por todo
Irak y en Kuwait. En la cresta de las dunas glaciares
fijo objetivo a la inversa de la córnea, raspando los pigmentos.
Mirada inerte al final del radar que reza incesante sus líneas
a punta de juegos infrarrojos. Nos concentramos en la destrucción
por un poco de opio; del más oscuro que sondea las tierras desérticas
que lo advierten todo a punta de
un lenguaje cuneiforme interrumpido por ladridos en una ciudad
sudamericana,
inconsolablemente ajena a las capacidades militares
ofensivas de Sadam Hussein.

Ishtar

mirándola a los ojos
desde abajo, desde arriba, a contra luz, entre la niebla
sus pupilas se dilataban como mandrágoras,
                                               como el tajo hurga entre la carne
más allá de sus líneas simples               
era espesa bajo la tierra
como si el lodo fuera agua cristalina

mirándola impalpable entre los frutos que nadie conocía
respirando aroma de claveles y agua estancada
millares de ramos florales suspendidos en el tiempo
a través de cruces, esvásticas y estrellas de ocho puntas
iba cayendo en la profundidad del Tártaro


mirándola como un espasmo subterráneo, ella
penetraba la tierra hasta encontrar mis raíces
deseaba lamer mi caliptra, el fondo de mi existencia
el inicio del vástago convertido en tallo
allí, era yo y todas mis células succionadas por su boca
de ninfa

mirándola retorcerse en la humedad y beber de mí
la savia
oculta en el misterio del placer más impreciso
abrí mi ser a su cadalso
dibujé su forma en mi bestiario 
errático, dejé que mamara como leche mi substancia
hasta que me entregué a su lengua
bajaba desde mis hojas el mantra salado
ella, apenas un pálido capullo, emergió desde el lodo
con mi ser atado a su garganta

mirándola, ya fuera                     inerte, como un fruto maduro
fuera de su rama
lánguida y simple              brotaba de su boca mi propio
rastro seminal                                envilecida tomó sus formas
se disipó entre la luz                     como si estuviera hecha de sombras
desanduvo el paso que la trajo
gota a gota                          embebida en su propia magia
atada a los frutos desconocidos


en el bosque estepario de los montes Zagros

vimos lunas destripadas
incrustamos corazones en almendros
estrellas que se nos pegaban a la piel
ardíamos sobre un plenilunio que miraba
desde otro oriente de gamos procreándose
y robles crispando lejos del viento
una historia escrita al reverso de los labios
un dolor menos en el pecho

atrás de la luna hay otro siglo
otras especies que corren más lejos y más
rápido que los dioses
con dientes como colmillos afilados, succionando la
misma leche que Mahoma

ardemos, querido mío, en estos cerros
primitivos
aferrados a caminos en santificación,
como parte de la ley de los cautivos
desarraigados en un limbo que es un ojo
ardiendo
que es un árbol destripado

por mis venas corren los ríos ancestrales
y voy hacía ti siguiendo el afluente, el pulso
de la placa arábiga, que es tu dermis

tu esqueleto

Otro viaje

mi madre raspando su muralla
amontona lo que fue del invierno
en los sesenta
historia puesta en un maletín

subo el cerro a pie
con recuerdos violándome las sienes
emprendo regreso a ese primer
viaje a las alturas
hacía atrás
cuando hice las maletas

vuelvo al hormiguero
que sigue latiendo hacía las flores
voy muriendo
a piquetazos                                               a mordidas
hasta donde sé

maleta llena

aquí; todo lo que poseo, ojos inflamados
un par de llagas que me despojan del dolor
labios cremados, contusiones
colgajo

raspando murallas, me hice grande

Geografía Digital

Mi patria es un hombre acostado/ una figura que se dilata entre
mensajería instantánea y ropa sucia de cinco días
mi patria no es una tierra o lugar habitado, sembrado de paltos o
limoneros
es más bien un hombre que permanece inmutable con
la mirada perdida en un cielo que jamás alcanza
sus brazos tocan indistintamente el mar y la cordillera,
acaricia el oleaje como lo haría con una mujer voluptuosa
desvistiendo humedales gigantes y profundos
las cumbres que alcanza con sus dedos se erectan al roce
que confluyen en leches cristalinas que van bajando por la tierra
que es al mismo tiempo desierto y valle, bosque y estepa
el centro de su cuerpo es donde habito, desde aquí lo busco y lo
recorro

bajando por sus piernas que se enfrían hasta el fin del mundo

“I am a monster. I am the Son of Sam. I love to hunt.” (David Berkowitz)


hablarle a la gente/que la gente arda
abrir las piernas a los primeros libros
interceptar a los dioses que blasfeman
abandonarlo todo desde un punto medio, desde la mediocridad
de los arboles cercenados
piojentos
proletarios
árboles sin vida, pestilentes

terminas hablándole a la gente/ diciéndole
ámame porque estoy plantado aquí
violado y deforme
úsame como una toalla higiénica
aquí estoy, hablándole a la gente                    a los físicos/doctores
prostitutas/veganos/tartamudos

le hablas a la gente desinformada aristócrata y celosa
a la gente que prende cigarros en la calle y te echa el humo
en la cara
le hablas a los amantes adictos al drama                   al obrero de casco amarillo
al panadero             al ladrón                   a los espías
a los fachos
a los hombrecitos de esmoquin afuera de las iglesias
a cuanto roto se te antoje

le hablas a los hombres que se besan en el parque forestal
a las monjas            físico culturistas y choferes de micro
les dices:                   qué tal, tiene fuego  me dice la hora
dónde queda esta calle
a qué vino usted al mundo

les hablas en Facebook               en la cárcel 
en el estadio
le hablas a esa gente por Avenida Pajaritos
los taxistas te hablan de sus esposas, de sus hijos
tú les dices: si, claro                      porque a esas alturas qué importa
sólo quieres llegar a la reja de tu casa y plantarte ahí
gritar: ábranme!    desuéllenme           déjenme morir
le hablas al perro del vecino                  te dice: soy el demonio David,  y se echa a correr

le hablas a los payasos     a violeta parra        al coronel Sanders
te cubres la cara con las manos/ la gente no arde
no se quema
la gente pierde el tiempo
tiene hijos que no ama
la gente habla mierda
la gente no es el bosque              no es la madre esquizofrénica              no es el agua
la gente llora
no se pudre estando viva
                                               la gente se pudre ya muerta
                                               la gente compra tumbas
                                               pero no tiene casas
                                               y sus muertos flotan en hospitales inventados
la gente está enferma
yo le hablo a la gente, insisto
les hablo para que ardan

Samarra سامراء


viernes por la noche,
peregrinos arrastrados por las vías,
en un ir y venir de heridas/retornados al polvo

salgo huyendo con el viento en contra
con el sol en la espalda,
caigo en picada como un halcón desde el Zagros,
soy otra vez animal

abrazo a mi madre, mientras el cuerpo es
una espora
entre los escombros de una ciudad
más allá de las líneas del mundo en
occidente
más allá de la Sharia.

esto que nos pasa Habibi, es retornar al vientre sin

habernos conocido

Kafir كاف


dibujo soles ajados en la arena
ruinas y tarros oxidados
el paso del tiempo es inherente a las llagas
que como flores sedientas tocan con
sus labios el desierto
planos circulares en la tierra, casquillos dentados que
hieren sin sangre
abrimos el mundo
somos un universo velado a mansalva/ bajo nuestras
amadas estrellas fuera del tiempo en Babilonia

Escindir



sobra tiempo restándole a los tallos, a las
hojas que se entrelazan
abres los ojos
quedas en silencio frente a la pantalla
y pegas los labios, uno contra el otro, buscando
el instante                            orgasmo o dialecto inventado
rastreando pieles y gestos obscenos mientras pasas las páginas
de un libro cualquiera
notas que no hay nada más que puedas decir
sábanas se arquean y tu mano sube y baja en la intensidad
del juego
del mano a mano

es nocivo estar solo y pensar en los ojos de un hombre,
pensar en escribirle
y mirar el negativo de
las raíces que se pudren más allá
de las hojas rasgadas y el puente que se cae
porque lejos,
donde no existen palabras
los poemas se van
trenzando entre la hiedra
y a veces crecen cabellos
el pellejo de la gente se balancea en los cordeles
y se eleva
y flamea como banderas de una patria asustada