martes, 14 de julio de 2015

¿Por qué una mujer debería estar lista para todo?

 Estar lista para el momento perfecto en que encuentra su vocación, sus anhelos. Ir vestida de etiqueta para hallar el trabajo idóneo o el marido ideal. O ambos en los casos más afortunados. ¿Por qué no quedarse mirando el vacio unos cuantos años? Sin nececidad de abrir las alas al viento perfecto. Simplemente quedarse allí, en la inercia de ese "landscape" apocaliptico, donde todos corren por una vida que no les pertenece. Estar al margen de la vorágine. Quedarse para leer un libro. Para descubrir los sonidos que la hacen llorar, reír, gemir, odiar... para desnudar esos sonidos. ¿Para qué buscar ese destino perfecto de princesa de cuento de hadas? ¿Por qué no se nos permite ser la bruja, la hermana malvada, el orco, la flor insignificante en ese inmensa historia llena de mentiras? Los bosques son frondosos, las ciudades infestadas de rincones prohibidos que recorrer antes de emprender el camino "correcto". ¿Por qué una mujer debería cumplir un rol único multifácetico, creyendo que toma las riendas apropiadas para su viaje? ¿Por qué no equivocarse una y mil veces? No decidir explorar el camino más conveniente para una vida justa y aceptada socialmente, sino explorar atajos luminosos u oscuros que la harán una mujer llena de sí misma. Extasiada de nuevas experiencias. Descubrir un día, que tomar los caminos equivocados la han hecho al final de cuentas, feliz. Que al mirarse descubre que ha roto los esquemas impuestos por la misoginia y la fobia. Descubre que ya no es una mujer, que no es una fotocopia, una línea muerta o muñeca en serie. NI la oscuridad produnda, ni la luz destellante la han absorvido. Los colores le chorrean por la piel como un estruendo en medio de las sombras. La voluntad de tomarse la mano a sí misma la ha vuelto compleja, envuelta en pensamientos e ideales intrincados. Una mujer no debe estar lista para cumplir un rol o encajar en un nicho pre-establecido. No tiene que estar lista, ni debe haberlo visto todo antes de necesitarlo. Ni un concepto de amor absoluto debe comprometerla a entregar todo de si. Ni los cánones sociales deben hacerla menos digna por conducirse contra la corriente