a veces quisiera herirte,
con todo el dolor del mundo
lejos del puterio
subterráneo
trasplantarte con todo y
ramificaciones
quisiera comerte el pelo y
los pulmones, derretirte en mi
boca como una fruta
me gustaría enterrarte las
uñas en cada pensamiento
espasmo y calambre
latiente
en cada excitación,
profundizar la lengua y hacerte
dormir sobre nadas
absolutas
desearía echar a andar la
molienda con tus huesos, fulminarlos
uno a uno
a veces, me encantaría
pisarte la cara y sodomizar (te)
amarrarte con mis piernas
arácnidas
trepar por tu vientre y
exhalar ese humo negro que te gusta
acariciar
con la punta de la lengua
con los dientes
chorreándose como agua salada
a veces, quisiera acabar
con tu agonía, interpelar a la falta
de orgullo
del mal menor
sembrar la discordia entre
un “te quiero” y un “bien puta”
donde acaba una empieza la
otra y viceversa
yo te abriría los ojos con
tenazas calientes,
frente al espejo amordazar
(te)
escurriría mi saliva entre
los dedos y enfrentaría mis temores al olor de tu
sudario
a veces, sólo quisiera
caminar el lado angosto de la vida
repetir(te) mil veces el
paladar exquisito de mis besos
comerme por capítulos
eternos tu dolor
y hacer metástasis en lo
más profundo de tus células