viernes, 20 de febrero de 2015

El Sexo



Costó varios años para que me diera cuenta que el sexo era una forma de expresión. Como el arte. Estás ahí parada frente al lienzo en blanco. Tu cuerpo es el pincel. Yo dibujo mi deseo. Mis colores son imaginarios. Yo creo mis colores. Mi cuadro es la intención de todo aquello que le pasa a mi cuerpo. Los espasmos son pinceladas finas, consistentes. El dolor es parte de ese retrato, es un color negro que se diluye en todas partes. Estoy dibujando de a poco el orgasmo. La emoción puede llevarme a miles de tonalidades. Yo soy el pincel y delineo en el cuerpo del otro, que es mi lienzo imaginario. La obra de arte se retuerce entre mis dedos, hasta que los colores se entremezclan en miles de combinaciones. Los detalles parecen difuminarse en el acto exagerado de pinceladas gruesas y torpes. En todas direcciones, la acuarela se chorrea, lentamente. Como una catarsis. No quedan espacios en blanco. Finalmente, pincel y lienzo se fusionan y la pintura bulle sin destino. La intención artística muere. Porque el sexo es arte, pero también es muerte. Yo muero cada vez que termino de pintar. Muero en la euforia de esa última pincelada.