Abrí la puerta, sigilosa, pero voraz
Con las puntas de los pies di pisadas de nube y te
vi
O vi lo que creí que eras tú
Un destello controlado por máquinas y mil ojos
rompiendo tu piel de hierofante
Te vi, con colores que aún no sé nombrar
Pobre de mí, amarrada a una silueta sin nombre
con un cuerpo tensado y lluvioso
Y te tengo en la punta de los dedos, pero no te
puedo tocar...
Pobre de mí, que siempre guardo escapularios y libretas
con direcciones, ninguna de ellas es la tuya