Esta no
es una confesión, o al menos no una cualquiera. Creo que no me he
confesado desde que tenía 16, el resto del tiempo he dejado que todo
fluya y se destruya. Tengo esa abominable cualidad de estropear hasta
las cosas más perfectas. Básicamente soy el peor desastre con el que te
podrías topar en tu vida. Nada alentador ¿uh? Pues, por lo general las
personas intentan seducir a otras por medio de trucos, de engaños,
tratando de mostrar siempre ese lado amable e inspirador, y vamos, que
yo también lo he hecho, pero no me ha resultado favorecedor a largo
plazo, siempre termino defraudando. Por eso, ahora prefiero ser
completamente sincera en esta confesión; que
dicho sea de paso, no pretende obtener ninguna respuesta de vuelta, las
cosas ya no funcionan así para mí. Pero sería genial, si, lo sería.
Pues
bien, mejor a lo que venía. Hay un chico, uno lindo, bastante lindo
diría yo, aunque, él siente que es lo peor de lo peor, y a veces no se
si es pose o realmente él se siente asi.
Es inteligente, además de amable y respetuoso, también es divertido;
todo se lo toma con humor la mayor parte del tiempo. Yo lo observo,
aunque nuestros radares están a kilómetros de distancia. Confieso que me
vuelve loca, pero no con esa connotación aduladora sobre ideales
perfectos de belleza o romanticismo. Me vuelve loca, porque es complejo y
triste. Cuenta todas las miserias que yo siento tan mías, es como verme
en un espejo delirante. Y es desolador y dulce al mismo tiempo.
A
veces, él me habla, muy pocas veces, pero es como sentir un intenso
aguijón en medio del estómago; me vienen unas incontenibles ganas de
vomitar y de llorar, porque ahí está esa intensa llama hurgándome hasta
noquearme, así me siento con él.
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