No es por ti, ni por las cosas que dejé olvidadas en un
velador. En un motel, que es como una casa, como un hogar con paredes sudadas.
No es por ti que he dejado todas estas cosas; los vidrios rotos, migajas sobre
la cama, ajedrez a medio jugar y una botella de vodka, con tres cuartos de su
contenido. He dejado de mirarme al espejo, porque no te encuentro; ni en la
sombra, ni en los aromas o los sabores que te pertenecían, que estaban como
tejidos a tu ADN. No es por ti que me sobran o me faltan palabras. Quizá haya
uno más amante, que descueza más en los ojos y por él, deje de respirar un día
o me cercene las falanges y permita que me escriban baladas pop. No, no es por
ti que he desecho la cama y la he vuelto a hacer, con la esperanza de que un
cuerpo aparezca de la nada y se levante y me espíe detrás de los ojos. Estoy
hecha un hueco. Un cuenco vacío. Pero no es por ti. Si fuera por ti, todo
tendría un significado. Estaría lleno de símbolos. Un desierto. Un videojuego.
Metal Gear, por ejemplo. Un cigarro consumiéndose en tus labios diminutos,
entre tus dientes amarillentos. Una moneda envuelta en papel craft y una
argolla de plata incrustada en el dedo, en tu billetera. No es por ti el silencio.
O las bombas que estallan en las pampas. Ni los orgasmos, que parecen
estallidos. Ya nada es por ti, porque nada
es tan amargo, ni tan innecesario.
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